Rápidamente respondí que no lo son. Di una explicación de cómo los tabúes sobre la sexualidad, el secretismo alrededor de los genitales femeninos y las vulvas hegemónicas que muestra el porno influyen en los cánones estéticos que tenemos.
A pesar de que ella entendió todo lo que decía a nivel lógico, no sé si sus sentimientos respecto a su vulva cambiaron. Y me puse a pensar. Volviendo atrás, recuerdo haberme sentido así yo también.
Si yo me sentía así y mi amiga también, ¿podía haber más mujeres que se sintieran igual? No quiero hablar del porqué nos sentimos así, sino compartir qué fue útil para reconciliarme con mi cuerpo.

Tres pasos que me ayudaron a hacer las paces con mi vulva
1. Mírala.
Coge un espejito, o ponte de espaldas delante de uno entero y agáchate, ¿cómo es tu vulva? ¿Cómo te sientes respecto a ella? ¿Bonita, fea, sexy, extraña, atractiva, rara? Conecta con las sensaciones que te despierta cuando la miras, es el punto de partida.
2. Habla con ella.
¿Te parece una locura hablar a tu vulva? Inténtalo. Explícale como te sientes. Si tienes sentimientos desagradables o molestos hacia ella, haz las paces. Pídele perdón. Perdónate a ti también por tenerlos. Puedes hablarle a través del espejo, escribirle una carta o hacer un dibujo. Se que puede sonar raro, pero te animo a que lo pruebes… ¿qué es lo peor que puede pasar?
3. Explora el mundo.
No tengas vergüenza de compartir como te sientes, preguntar tus dudas y dejar volar tu curiosidad. En mi caso, tengo amigas con las que he compartido como me siento, a pesar del miedo a hablar sobre ciertos temas tabú como lo es la sexualidad. Aprendí que no hay dos vulvas iguales, que cada cuerpo es único, todos válidos. Que una vulva ES, sin necesidad de ponerle otros adjetivos.
Tu cuerpo es tuyo: sentirte bien en él es el mejor regalo que puedes hacerte
Al hacer esto, cuestioné la opinión que tenía sobre mi cuerpo y otras creencias sobre sexualidad. Espero que estos consejos sean tan útiles para ti como lo fueron para mí.
Si no son suficientes, puedes buscar ayuda.
Tu cuerpo es tuyo, y sentirte bien en él es el mejor regalo que puedes hacerte.